Había una idea que no me dejaba dormir
Mientras enseñaba en mi propio instituto de inglés online durante la pandemia, tenía una idea clara en la cabeza: una aplicación que ayudara a los estudiantes de inglés a registrar sus propios procesos de aprendizaje, reflexionar sobre ellos, y recibir retroalimentación personalizada, con el fin de fomentar su autonomía y metacognición más allá de sus pocas horas de aula conmigo.
El problema era simple y frustrante a la vez: no sabía programar, y pagarle a alguien más era carísimo y, siendo sinceros, el resultado no iba a ser exactamente el mismo que yo esperaba.
Podía describir exactamente lo que quería. Sabía cómo debía funcionar, qué problema resolvía, para quién era. Pero no podía construirlo. Y depender de otro para ejecutar una idea propia se siente, en cierta forma, como si esa idea dejara de ser completamente mía.
Eso fue el detonante.
La decisión
Tenía más de 35 años, una carrera construida en la educación, y un instituto de inglés que había fundado y dirigido por cinco años. No era el momento "obvio" para empezar desde cero en algo totalmente nuevo.
Pero había algo más: la necesidad de reinventarme económicamente, y el deseo genuino de cambiar el rumbo de mi vida profesional hacia algo que sintiera más propio, más amplio, más mío.
Así que tomé la decisión. Sin red de seguridad clara, sin garantías, con muchas dudas — pero con una convicción que resultó ser más fuerte que el miedo.
Lo que nadie te dice del cambio de carrera
El proceso no fue sufrimiento puro ni descubrimiento constante. Fue las dos cosas, en distintas etapas, y, a veces, hasta en la misma.
Hubo momentos de emoción genuina: la primera vez que un botón hizo lo que yo quería, la primera API que consumí, la primera app desplegada, y también el primer cliente satisfecho.
Mi primer proyecto real fue el sitio web para la academia deportiva de Villa Alemana Sangom Taekwondo — una experiencia que marcó el punto en que esto dejó de ser solo aprendizaje y pasó a ser trabajo profesional.
Esa sensación de esto lo hice yo no tiene equivalente fácil.
También hubo desafíos reales. Aprender a programar de adulto, con responsabilidades, con una vida ya construida, no es lo mismo que hacerlo a los 20. Hay que ser honesto con eso. El tiempo es más escaso, la energía también, y la curva de aprendizaje no espera.
Pero lo que nadie me dijo — y que descubrí en el camino — es que ser profesor me dio una ventaja enorme. Sé cómo aprender. Sé cómo estructurar información compleja. Sé cómo explicar. Y sé, por sobre todo, cuándo algo no está claro todavía y hay que seguir indagando.
My Learning Journey: la idea que lo inició todo
La aplicación que entonces no podía construir ya existe hoy. Se llama My Learning Journey y es exactamente lo que imaginé: un diario de aprendizaje del inglés que usa inteligencia artificial para dar retroalimentación personalizada sobre el propio proceso de cada estudiante.
La construí yo. Desde el frontend hasta el backend, la base de datos, la integración con IA, y el despliegue, estando actualmente disponible en escritorio para Windows con la versión Web en progreso.
No lo cuento para impresionar. Lo cuento porque hay algo muy particular en ejecutar tu propia idea con tus propias manos. Es una forma de autonomía que no había experimentado antes, y que no tiene precio.
Por qué lo cuento
No escribo esto como una historia de éxito al estilo dejé todo y triunfé. Lo escribo porque creo que hay muchas personas que tienen una idea, una necesidad de cambio, o simplemente una curiosidad genuina por la tecnología — y se detienen porque sienten que el momento no es el indicado, o que ya es tarde.
A los 35 no es tarde. Con una carrera previa no es un obstáculo. Con responsabilidades encima no es imposible.
Es más difícil, sí. Pero también es más consciente. Y a veces, más significativo.
Si quieres ver otros proyectos en los que he trabajado, puedes explorar mi portafolio.
Y si te interesa este tipo de contenido, te invito también a revisar las otras entradas del blog, donde comparto experiencias, aprendizajes y aplicaciones reales de tecnología.
Si te resuena algo de esto, o estás considerando un camino parecido, escríbeme. No tengo una fórmula, pero sí tengo la experiencia de haberlo vivido — y eso, al menos, vale una conversación.